La piel y sus características

La piel no es una simple envoltura protectora del cuerpo, es una frontera activa que se interpone entre el organismo y el ambiente.

No solo controla la pérdida de fluidos valiosos, evita penetración de sustancias extrañas, nocivas, radiaciones y actúa como cojín frente a golpes mecánicos, sino que también regula la pérdida de calor y transmite los estímulos que le llegan. Además aporta señales sexuales y sociales por su color, textura y olor que posiblemente pueden ser incrementadas fisiológicamente por la ciencia cosmética, e indudablemente son realzados por el arte cosmético según las culturas.

Para el profesional de la estética esencial el conocimiento de la estructura y función de la piel para la correcta realización de las operaciones que se desarrollan durante el tratamiento de belleza ya que la piel es el sustrato de nuestro trabajo y debemos tener en cuenta en la propiedades de la elección de los cosméticos que se utiliza en su cuidado.

Existen dos tipos principales de la piel: velluda y lampiña. En la mayor parte del cuerpo, la piel posee folículos pilosos con sus glándulas sebáceas asociadas, sin embargo la cantidad del pelo varía enormemente. La piel de las palmas de las manos y las plantas de los pies carecen de folículos pilosos y de glándulas sebáceas. La piel lampiña se caracteriza también por su gruesa epidermis y por la existencia de órganos sensoriales encapsulados en el interior de la dermis.

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